domingo, 27 de marzo de 2011

Turistas responsables en busca del paraíso rural perdido…


ERONGARÍCUARO, México, sep (Tierramérica) – Se trata de una mezcla de voluntariado y ecoturismo. El visitante paga por pasar unas semanas en contacto con la naturaleza y ejecutando las labores de una granja orgánica. La idea inspiradora es cultivar conciencia ambiental.

El mexicano Alan Vázquez se levanta a las siete de la mañana y su primera tarea es alimentar a los animales en el rancho ecológico “Las canoas altas”, situado en Erongarícuaro, un municipio del sudoccidental estado de Michoacán cuyo nombre significa “lugar de espera” en lengua indígena purépecha.
“Las canoas altas”, una propiedad de 2,5 hectáreas del belga Vincent Geerts, forma parte del capítulo mexicano de Oportunidades Globales en Granjas Orgánicas (WWOOF, por sus siglas en inglés), una iniciativa internacional en forma de red que vio la luz en Gran Bretaña en 1971, con un nombre distinto, Working Weekends on Organic Farms (Fines de Semana Laborales en Granjas Orgánicas).
La creadora fue Sue Coppard, una secretaria que amaba su vida en Londres, pero extrañaba su infancia en el campo. Se le ocurrió que si ofrecía trabajar gratis un fin de semana en una granja, la dejarían quedarse. En su primer intento ya tenía 15 compañeros de aventura.

La red WWOOF está presente en 99 países. Entre ellos, Belice, Guatemala, Costa Rica, Ecuador, Chile, Argentina y Brasil, además de México, donde apareció en 2004 por iniciativa del psicólogo y administrador de empresas Arturo Farías.
Hoy ya hay una cincuentena de granjas mexicanas inscritas en el programa. Y anualmente se suman unas 500 personas.
Farías partió de su experiencia en la industria ecoturística para impulsar este voluntariado ecológico, y desarrolló durante cinco años un proyecto de agricultura sostenible en la ciudad de Valle de Bravo, en el estado de México. “La gente no puede evitar el contacto con la naturaleza. Tiene que convivir con ella”, dijo Farías a Tierramérica.
El “wwoofing” mezcla el turismo rural y el trabajo voluntario. En México, el aspirante a “wwoofer” paga una cuota anual de 20 dólares para inscribirse, se pone en contacto con alguna de las fincas registradas y, luego de la aceptación, ésta le suministra alojamiento, alimentación e instrucciones para sus tareas en jornadas de lunes a sábado.
Todo el sistema es una forma de acercar a la gente a un modelo de desarrollo sostenible en las áreas rurales. Geerts y Farías siguieron rutas parecidas, pues ambos atraían a voluntarios antes de formar parte de WWOOF.
Este tipo de experiencias en México despiertan interés a viajeros europeos, de Canadá y Estados Unidos y, últimamente, a los propios mexicanos como Vázquez.

3 comentarios:

  1. este programa me parece muy interesante, porque es una manera de enseñar a la gente una parte de la naturaleza que tal ves no conozcan. aunque lamentablemente en ocasiones es mas aprovechado por extranjeros que por uno mismo.

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  2. Me parece muy bueno que halla personas como Alan Vazquez que se preocupan por los animales y por la naturaleza, es un gran ejemplo a seguir.

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  3. por supuesto tenemos q dar mas para salir adelante y asi cuidar a nuestro planeta sigan asi chicos.... me enkanto el blog ya q tabien cuenta con algunas definiciones q no sabia felizidades..

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